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Sobre el escrito de Kasimdzhanov

Kasimdzhanov rellenando la planilla durante un torneo

( Autor : Javier Cordero Fernández - © Ajedrez de ataque )

          La actualidad del ajedrez en Julio gira en torno a los torneos de Dortmund y Biel, y al escrito que Rustam Kasimdzhanov ha publicado en distintos medios y que nos ha dejado a todos sorprendidos. Si, sorprendidos, porque es muy raro encontrar algún jugador que se atreva a opinar sobre las tablas rápidas, un tema escabroso que la mayoría rehuye como si les persiguiese el mismísimo diablo (porque quien más, quien menos, las ha hecho en varias ocasiones a lo largo de su carrera).

          Kasimdzhanov logró ser campeón del mundo en 2004, aunque hoy en día no se de mucho valor a un título logrado en un formato que se ha demostrado erróneo con el paso de los años. Rustam fue el último campeón en el formato de eliminatorias a 4 partidas y desempate a rápidas, en un campeonato donde faltaron los mejores del mundo, aunque el campeón logró dejar en la cuneta a jugadores como Grischuk o Topalov. Tras el fracaso de este formato, la FIDE reflexionó y trató de buscar nuevos horizontes, aunque no creo que los haya encontrado. La carrera de Kasimdzhanov sufrió un empujón tras lograr este título, ya que fue invitado a varios torneos importantes (como Linares). Sus resultados fueron bastante positivos, pero a pesar de ello su nombre fue desapareciendo paulatinamente del panorama internacional del ajedrez.

          Hoy su nombre vuelve a aparecer en todos los medios, y lo hace por el siguiente escrito, que podéis leer completo en el siguiente enlace: Carta de Kasimdzhanov.

          Tras haber leído la carta íntegramente se pueden sacar varias conclusiones. La primera es que la intención del ex-campeón del mundo es la mejor y trata de dar una solución a un problema que en mi opinión es el cáncer del ajedrez actual. El problema es que las medidas que plantea son simplemente irrealizables, de hecho si se llevasen a cabo puede que no supusiesen ningún cambio positivo.

          Su obsesión de comparar el ajedrez con el tenis no tiene mucho sentido. En el tenis los torneos se juegan por eliminatorias, algo que en el ajedrez se da en muy pocas ocasiones, por eso es lógico que en el mundo de la raqueta se haya eliminado el resultado de empate: uno de los dos ha de pasar de ronda forzosamente. En los torneos de ajedrez se suele jugar todos contra todos y es evidente que el empate debe ser una de las posibilidades que se puedan dar. El problema estriba en como llegar a ese empate, si se da sin lucha y dejando pasar las jugadas (cosa muy común en la actualidad) se verán partidas sin lucha y emoción, un auténtico tostón para el aficionado. Pero el empate no siempre es decepcionante, hay luchas muy interesantes, llenas de incertidumbre y emoción, que acaban en tablas y representan un gran espectáculo (como la partida que he publicado recientemente: Janowski-Lasker). Por eso, no veo necesario la eliminación del empate, lo que hay que desterrar son los malos hábitos de los grandes maestros que no quieren arriesgar lo más mínimo y se dejan llevar en las partidas con tal de no forzar y encontrarse con la derrota.

          La solución de Kasimdzhanov es demasiado drástica. Tantas partidas de desempate para deshacer un resultado de tablas puede ser agotador para los participantes. Los jugadores deberán estar mejor preparados físicamente y creo que eso es desviarnos del objetivo central del ajedrez, que es vencer dentro de un tablero gracias a tu mente, no gracias a tu físico porque tu rival está agotado. Con estos desempates nos tendríamos que olvidar de ver a jugadores como Korchnoi, Ljubojevic, Andersson... que hoy en día siguen en activo a pesar de su edad y que no creo que pudiesen soportar el ritmo frenético que plantea Rustam.

          Esta sugerencia en tiempos de crisis es algo descabellada. Qué opinarán los organizadores, que se están viendo obligados a suspender sus torneos por falta de dinero, cuando sepan que las rondas se van a alargar y su torneo será obligatoriamente más largo (con más días de descanso, más horas de juego), con el coste que ello conlleva.

          Además Kasimdzhanov olvida un detalle, siempre que se ha elegido el formato de desempate de rápidas, muchos maestros escogen directamente 'no jugar' la partida lenta, llegando a unas tablas insulsas, para jugarse el todo por el todo en las rápidas. Esa situación no se puede tolerar, el ajedrez de verdad se da en las partidas de ritmo clásico, donde se calculan el máximo de variantes posible y se busca la perfección. El ajedrez rápido está plagado de errores, es más atractivo para el público, pero es de menor calidad y no se debe asociar el buen nombre del ajedrez con esa modalidad que está bien como espectáculo, pero nada más.

          Tal vez debemos olvidar las comparaciones con otros deportes, el ajedrez es la lucha de dos mentes frente a frente, y eso no es comparable a cualquier otra actividad. Yo he practicado varios deportes en mi vida y creo que no existe una derrota más dolorosa que la que se produce en un tablero de ajedrez, algo que le da un carácter especial y único.

           La iniciativa de Kasimdzhanov es positiva, ya que genera debate y pone este tema en los medios de comunicación, pero las soluciones que aporta no parecen las más ideales. Encontrarlas va a resultar complicado y debe ser la asignatura pendiente del ajedrez del siglo XXI.

Javier Cordero Fernández

(1 Agosto 2011)

 

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