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Caos, locura... puro espectáculo

Dibujo del Camarote de los hermanos Marx

Matulovic, Milan - Naranja, Renato

Interzonal, Palma de Mallorca 1970

1.e4 c5 2.Cf3 d6 3.d4 cxd4 4.Cxd4 Cf6 5.Cc3 e6 6.g4 Ae7 7.g5 Cfd7 8.Tg1 Cc6 9.Ae3 0–0 10.h4 Te8 11.h5 Cf8 12.Dd2 e5 13.Cb3 Ae6 14.0–0–0 a5 15.Ab5 g6 16.Cd5 a4 17.Ca1 Axd5 18.exd5 Da5 19.De2 a3 20.b3 Dc3 21.dxc6 bxc6 22.Aa4 Txa4 23.Dd3 Db2+ 24.Rd2 Taa8 25.hxg6 Cxg6 26.Tb1 Dxa2 27.Df5 d5 28.Th1 d4 29.Txh7 Ab4+ 30.Re2 Ta7 31.Tbh1 Dxa1 32.Df6 d3+ 33.cxd3 Db2+ 34.Rf1 Db1+ 35.Rg2 Dxh1+ 36.Txh1 Tc7 37.Ab6 Tcc8 38.Rf3 Ac3 39.Re2 a2 40.Th6 Cf4+ 41.Rf3 e4+ 42.Rxf4 Axf6 0–1

    

Después de 20.b3                   Después de 31.Tbh1

 

          Cuando las partidas son un caos, un lío infinito, el ajedrez se convierte en divertido e imprevisible.  Evidentemente no todos los jugadores pueden soportar jugar partidas con tanta tensión, eso es algo que va unido de forma indisoluble al carácter de cada cual y a su capacidad de cálculo.

           La cita era importante, nada menos que un Interzonal (la antesala del torneo de candidatos), aunque ambos jugadores no estaban realizando un buen torneo y no tenían ninguna posibilidad de aspirar a los primeros puestos. Tal vez por eso decidieron jugar sin miedo lanzándose por un abismo del que no podían ver el fondo. El resultado, una posición caótica que daría para muchas horas de análisis. Hay que decir que en los compases finales de la partida ambos jugadores tenían apuros de tiempo, lo que hace que el juego no sea exacto, aunque si muy meritorio.

 

 

 

 

 

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